El temor y la necesidad de creer
Es un hecho que todo tiene un inicio y un final. Al igual que una canción o una obra de teatro, a todos se nos cerrará el telón algún día. La muerte es conocida como una experiencia universal: Independiente de la época, cultura o creencias personales, todo ser humano reconoce que algún día dejará de existir, pero asimismo como es una certeza es también una de las grandes incógnitas del mundo que nos rodea. La necesidad del ser a sacarle un ¨por qué¨ a todo ha llevado a las personas a formular preguntas que nos han perseguido durante siglos y que irremediablemente nos preguntaremos a nosotros mismos en alguna etapa de nuestra vida: ¿Existe algo después de la muerte?, ¿Desaparece completamente la conciencia?, ¿Tiene la vida un propósito que trasciende la existencia física?, ¿Habrá alguna forma de ¨vida¨ después de vivir? La búsqueda de respuestas a estas interrogantes ha dado origen a innumerables sistemas de creencias, estudios, filosofías y religiones que intentan explicar aquello que parece imposible de comprender.
Entre las múltiples respuestas, la religión ha tomado protagonismo en la psique del humano y en cómo se enfrenta a esta incógnita. Y aclarando que en este texto no se referirá únicamente a la religión cristiana, la gran mayoría de estas, por no decir que todas ofrecen trascendencia, continuidad, y una permanencia que ofrece consuelo e incluso claridad luego de la muerte. Conceptos como el cielo, el infierno, el purgatorio, la reencarnación, la vida eterna; de manera simbólica o literal, y la unión con una realidad superior permite a la persona interpretar la muerte no como un final definitivo, sino como una transición a tomar para guiarse a otra forma de existencia. Estas creencias han proporcionado consuelo, esperanza y sentido a millones de individuos a lo largo de la historia. Para muchos creyentes, la religión constituye una fuente de seguridad emocional que les permite enfrentar la incertidumbre y disminuir el temor asociado a la mortalidad.
Filósofos, psicólogos y sociólogos han planteado que las religiones podrían observarse no simplemente como promesas de una realidad trascendente, sino también como construcciones sociales destinadas a responder a necesidades humanas básicas de acuerdo con las emociones predominantes en el humano respecto a la idea de la finitud. Desde esta perspectiva, las creencias religiosas cumplirían la función de otorgar significado y cobijo a una realidad difícil de aceptar: el hecho de que la vida es limitada y de que la muerte es inevitable.
El propósito de este discurso es reflexionar sobre el origen y la función de las creencias religiosas relacionadas con la muerte, analizando si estas responden a una realidad demostrable o si se utilizan como una forma de enfrentar la ansiedad existencial. Con ello, se busca persuadir a la audiencia de que las promesas religiosas de trascendencia pueden interpretarse principalmente como respuestas psicológicas y sociales al temor humano frente a la mortalidad. Mi postura no pretende rebajar a las personas creyentes ni negar la importancia cultural de las religiones, sino examinar objetivamente y desde un punto de vista académico el papel que estas desempeñan en la construcción de sentido frente a la muerte y la posición que toman en la sociedad.
Freud aseguraba que la cultura tenía un carácter protector, la cultura nos protege de la naturaleza mediante la tecnología al igual que de nosotros mismos al tener reglas y castigos que nos limitan o nos hagan ver el bien del mal, las primeras prohibiciones recaen en: la prohibición del asesinato, del canibalismo y del incesto, luego se sumarían las ya conocidas como: el robo, la manipulación, el mentir y el engaño, aunque estas efectúan un castigo menor que a los primeros tres nombrados. En El porvenir de una ilusión, Freud plantea que las religiones tienen como base la ilusión, pero no porque crea que las personas estén erradas. Para él, una ilusión es una creencia que nace porque deseamos que sea cierta para causarnos consuelo, pero, ¿Consuelo de qué exactamente? Consuelo contra la injusticia y naturaleza, frente a la enfermedad, la muerte y las catástrofes como terremotos, incendios, tsunamis entre otras tragedias que escapan del control humano. Desde esta perspectiva, la promesa de una vida posterior no surge necesariamente de una evidencia objetiva, sino de la necesidad psicológica de aliviar la angustia que provoca la conciencia de la propia mortalidad. La permanencia histórica de estas creencias podría explicarse, en parte, por la tranquilidad emocional que proporcionan a quienes las practican.
La teoría de la gestión del terror fue desarrollada por Jeff Greenberg, Sheldon Solomon y Tom Pyszczynski en 1986. Esta habla sobre cómo el ser humano posee un impulso innato de autopreservación, al buscar reforzar su autoestima luego de recordarle su muerte, que consciente o inconscientemente nos guía a reforzar nuestras creencias buscando lograr una sensación de significado y permanencia mediante sistemas culturales. Según esta teoría, las religiones cumplen eficazmente esta función porque ofrecen promesas de inmortalidad literal, como la vida después de la muerte, o de inmortalidad simbólica mediante la pertenencia a una comunidad trascendente. Entonces me parece pertinente incluirla dentro de mi argumentación ya que responde una pregunta clave: ¨ ¿Qué hace el ser humano cuando sabe que va a morir? ¨ y al tener ya la respuesta entonces no sería extraño concluir que millones de personas se aferren a sistemas de creencias capaces de transformar esa ansiedad existencial en fe. La idea de que la existencia humana continúa incluso después de la muerte no solo reduce significativamente el miedo al final de la vida propia, sino que también permite elevar el ciclo de la vida como parte de un propósito mayor.
Por otro lado, la sociología también aporta elementos que respaldan esta interpretación. Según Durkheim, la religión cumple una función social al unir a los individuos mediante creencias y prácticas compartidas. Estas creencias permiten construir explicaciones comunes sobre fenómenos complejos de la existencia humana y fortalecen el sentido de pertenencia a una comunidad. Las ideas religiosas relacionadas con la trascendencia no solo ofrecen consuelo individual, sino también una forma colectiva de enfrentar la incertidumbre que produce la muerte.
Curiosamente en su estudio sobre el suicidio en el libro Le suicide habla sobre cómo los datos demostraban que en las sociedades católicas había menos suicidios que en las sociedades protestantes, también que los suicidios eran más raros entre los católicos y los judíos que entre los protestantes o los ateos, pero hay que caer en cuenta que podría ser por suicidios no declarados debido a razones religiosas en estos casos. Consideraba Durkheim, se debe entender que la tasa de suicidios depende más del tipo de sociedad en la que se producen que de las circunstancias psicológicas de los individuos particulares que finalmente optan por quitarse la vida. Estos datos podrían sugerir que la integración social promovida por ciertas comunidades religiosas actúa como un factor protector frente al aislamiento y la desesperanza.
Para mi contraargumento hablaré sobre las personas que se oponen a esta postura alegando que las religiones no serían solamente mecanismos para enfrentar el miedo a la muerte, sino que también métodos psicológicos positivos que cumplen funciones relacionadas con el bienestar y ser beneficiosas para la salud en general al darle sentido a la vida y la construcción de significado. Al estudiar que la espiritualidad/religión ayuda a las personas a desarrollar un bienestar y sentido a la vida; sobre todo a la suya, se observa un lado claramente positivo por razones como: mayor autocontrol y mejores habilidades de regulación del comportamiento que se suelen manifestar como una mejor forma de salud, una mayor religiosidad se ha asociado con menores niveles de tabaquismo, consumo de alcohol y comportamientos sexuales de riesgo, la participación religiosa a menudo proporciona acceso a redes de apoyo social, esto lo podemos conectar perfectamente con la idea de Durkheim cuando afirma que el hecho de tener una religión por consecuente también te da una comunidad. Sin embargo, aunque estas razones poseen un profundo significado para quienes las viven, continúan siendo fenómenos subjetivos que no pueden verificarse de manera objetiva. Por esto, resulta más razonable interpretar las promesas de trascendencia como construcciones simbólicas que ayudan a enfrentar la ansiedad existencial, sin que ello implique negar el valor personal o cultural que puedan tener para millones de personas.
Para finalizar aclararé que innegablemente la muerte es y será una de las más grandes incógnitas de la existencia humana, la religión ha ofrecido respuestas que prometen continuidad, trascendencia y esperanza frente a aquello que parece representar el final definitivo de la vida. Estas narrativas han permitido a innumerables personas encontrar consuelo y significado ante una realidad que genera temor e incertidumbre, pero no por eso se deben de ver como verdades absolutas. Los argumentos presentados muestran que existen razones sólidas para interpretar estas creencias como construcciones sistemáticas humanas destinadas a enfrentar la angustia producida por la conciencia de la muerte. Freud explicó cómo la religión puede funcionar como una ilusión frente al sufrimiento siendo una medida para apaciguarlo; la teoría de la gestión del terror sostiene que las personas desarrollan sistemas culturales para manejar el miedo a la mortalidad; y Durkheim demostró que la religión cumple un papel social importante relacionada con la cohesión y la construcción de significado como comunidad o colectivo. En conjunto, estas perspectivas permiten comprender por qué las narrativas de trascendencia han permanecido presentes en la historia y prácticamente en todas las sociedades humanas.
De este modo, la tesis planteada al inicio del ensayo se ve respaldada por argumentos variados provenientes de distintas disciplinas académicas. Las promesas religiosas de vida después de la muerte pueden interpretarse como respuestas psicológicas y sociales al temor que provoca la finitud humana, más que como afirmaciones verificables acerca de una realidad trascendente o superior. Pero, si la muerte es una realidad inevitable y no se encuentra remedio para ella, ¿Es necesario recurrir a la idea de una existencia posterior para encontrar sentido a la vida, o es posible construir ese sentido aceptando nuestra condición finita? Esta pregunta continúa abierta y constituye uno de los desafíos no solo filosóficos más profundos de la experiencia humana, sino que también como sociedad.
BIBLIOGRAFÍA
Sigmund Freud. (1927/1986). El porvenir de una ilusión. Alianza Editorial.
Émile Durkheim. (1912/1993). Las formas elementales de la vida religiosa. Alianza Editorial.
Émile Durkheim. (1897/2004). El suicidio. Akal.
Jeff Greenberg, Tom Pyszczynski, & Sheldon Solomon. (1986). Terror Management Theory.
ARTICULOS
Religion, Spirituality, and Health: The Research and Clinical Implications
The Association Between Spirituality and Religiousness and Mental Health (Scientific Reports)
Belief in an Afterlife, Spiritual Well-Being and End-of-Life Despair
Existential Beliefs, Social Satisfaction, and Well-Being Among Catholic, Jewish and Protestant Older Adults
Gracias por leer 😊
Comments
Displaying 0 of 0 comments ( View all | Add Comment )