excesos en tu boca peleando por escapar
pupilas dilatadas imposibles de disimular
ese temblor en la piel que impide pensar
la vista que se se nubla y empieza a alucinar
y tu cabeza en llamas, a punto de explotar
una deuda con la vida que nunca pudiste pagar
te persigue desde siempre, anhelando entrar
hoy más que nunca, cansada de esperar,
entregaste al destino eso que no podés controlar
y fue tan liberador que tus venas dejaron de rogar
y volviste a soñar
desvaneciéndote en cada verso de un poema sin terminar
hasta que ya no
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