Cuando salgo de la facultad, camino por la ruta hacia el bulevar de mi ciudad y evito perderme (en mis ideas, mayormente). Estar en ese estado meditabundo no me resulta agradable, así que miro a las personas. Y ahí fue cuando lo noté.
En este mundo hay patrones que se repiten. Como las termitas: les encanta sentarse a charlar con sus amigas, no importa de qué, pero el alivio de olvidar este mundo horrible discutiendo sobre temas que no entienden ni les importa entender mientras comen quebracho blanco es algo que todos los demás insectos deberían vivir. Ignoraré a las cucarachas (tanto las americanas como las australianas), a las garrapatas y también a las moscas, así que mejor hablemos de las mariposas que endulzan a la gente con sus colores vibrantes, aunque casi siempre son tigres y no las majestuosas monarcas. O de los pulgones y las hormigas que, aunque no se parezcan, forjan lazos que terminan en historias de amor. Me encantan las historias de amor; ese relato tan poco original, repetitivo, el cliché de siempre... la misma historia, pero a la vez tan bonita, sobre el paria y la dama. Pero eso no importa ahora.
Vengo a hablar de los bichos raros, los más raros que he visto. Empezando por un escarabajo aereus: muchos lo consideran una plaga, pero es el hijo dorado del brillante sol, solo que no lo ve porque los demás invertebrados no se lo permiten. También dos mantis, muy bonitas por fuera, pero que terminan siendo solo asesinas a sangre fría con un único propósito, para luego desechar los restos de su "juego". Un isópodo, bastante curioso, que no habla mucho pero del que quiero aprender más. También he visto solo dos pulgas, seres convenientes y no muy interesantes; una oruga, pero no de las que se convierten en mariposas, sino de las que arrasan el jardín y devoran las hojas de las plantas de tomate; una cigarra, encantadora pero ruidosa; una sola libélula, muy majestuosa pero poco impresionante; y un enjambre de avispas, ruidosas y aburridas.
Pero últimamente me crucé con dos seres que resultaron más místicos de lo que pensé: una polilla y un insecto que no puedo comprender. ¿No entiendo sus cuernos, o serán sus antenas? ¿Qué come? ¿Dónde habita? ¿Adora al sol o a la luna? ¿Puede volar o es prisionero como yo?
Cada vez lo entiendo menos. Se supone que soy un escarabajo, pero últimamente no soy más que un insecto cobarde que se hace bolita y llora. Qué irónico: llorar de tristeza por primera vez a los 21 me hace sentir no como un animal, sino como una máquina, un robot con los circuitos oxidados, un robot con poca batería.
Al final, siento que soy un caracol. Pero solo por ahora. Cuando vuelva a brillar el dios sol y su luz ilumine mi cara, volveré a salir afeitado, con los rulos hechos y sin ojeras. Pero, por ahora, solo seguiré paseando, pensando y tarareando al Príncipe, esperando alguna salvación...
(...) "De madrugada, de madrugada, con el rocío brillando al sol, amanecí en la carrera, con pensamiento de caracol".
Comments
Displaying 3 of 3 comments ( View all | Add Comment )
Saya
Me encanto
Saya
Me encanto
Saya
Me encanto