
Me gusta la imagen que todos tienen de mí: siempre alegre, sonriente, indiferente a los problemas de la vida. Aunque en el fondo no pueden estar más equivocados.
Todos los días me pregunto si ese será mi último día de vida; imagino cómo sería mi funeral y quiénes realmente irían a llorar. Me genera cierto morbo pensar que mucha gente se arrepentirá de no haberme dicho o hecho algo. Y tal vez ese es quien realmente soy: una persona arrogante y egocéntrica que disfruta recibir la atención de todos; hasta de sus propios enemigos, con la única esperanza de jamás ser olvidada.
Entonces, ¿qué me detiene de convertirme en esa persona? Tal vez las cosas en mi vida serían más fáciles si las viera de esa manera, pero… sé que tampoco soy esa persona. No soy mala, pero tampoco buena; no soy inteligente, pero tampoco estúpida; no soy mentirosa, pero tampoco honesta.
¿Quién soy realmente? ¿Acaso soy alguien más que algo? ¿Por qué no simplemente ser y dejarme fluir? Tal vez eso es lo que siempre intento, aunque no le encuentro ni pies ni cabeza.
Y si ni siquiera sé quién realmente soy, ¿cómo voy a ser capaz de decidir el color de mi maldita habitación?.
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