Uno de mis mayores miedos durante la escuela fue formar parte de un grupo de amigos donde todos parecían complementarse a la perfección, excepto yo. Nunca logré integrarme del todo, así que intentaba ganarme su confianza llevándoles regalos, como pósters, o haciéndoles mandados durante el recreo. Aun así, nada parecía ser suficiente para sentir que realmente pertenecía al grupo.
Lo que más me dolía era ver que una de mis mejores amigas hasta ahora entró al grupo al mismo tiempo que yo y logró integrarse sin ningún problema, mientras yo sentía que tenía que esforzarme constantemente para que me hicieran sentir que tenía amigos. Nunca fue así. A veces me hacían sentir incluido por unos momentos, pero luego volvían a alejarse sin ninguna explicación.
Con el tiempo descubrí que hablaban a mis espaldas y decían que yo estaba con ellos por conveniencia, cuando la realidad era muy distinta. Yo solo quería pertenecer a un grupo de amigos donde no me sintiera solo durante las clases o en las horas libres.
Recuerdo que, cuando intentaba hablarles, muchas veces simplemente me ignoraban. Me quedaba unos segundos esperando una respuesta que nunca llegaba, sintiéndome completamente fuera de lugar.
Cuando llegué a mi casa ese día, vi que me habían eliminado de todas sus redes sociales sin darme ninguna explicación. Le escribí a una persona del grupo, alguien a quien realmente consideraba mi amigo, y lo único que me respondió fue que lo habían hecho por motivos que era mejor no discutir.
En ese momento me llené de impotencia. Le conté todo lo que me había esforzado por pertenecer, todas las veces que soporté humillaciones y malos momentos con tal de no quedarme solo, para que al final terminaran haciéndome tanto daño.
Su respuesta fue justificarse. Dijeron que incluso rompían algunas reglas para que yo no me sintiera excluido, algo que sé que no era cierto. Al darme cuenta de que la conversación no iba a llegar a ninguna parte y que solo seguirían buscando excusas, decidí dejar de responder. Ni siquiera leí el último mensaje que me enviaron.
Con el tiempo entendí que no vale la pena hacer hasta lo imposible por permanecer en un grupo que no te valora. Si alguna vez te encuentras en una situación parecida, no normalices ese tipo de actitudes. Es mucho mejor alejarse de personas que carecen de empatía y te hacen sentir menos. Estar solo por un tiempo duele mucho menos que permanecer rodeado de personas que nunca te hicieron sentir parte de ellas.
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