¿POR QUÉ?
La vida es extraña, inexplicable y, a veces, terriblemente agotadora. Ya ni recuerdo la última vez que me sentí realmente en paz, ni el último día en que desperté con ganas de enfrentar todo. Últimamente no he tenido un respiro: no hay una sola semana libre. Cuando comencé tercero medio pensé que sería sencillo, pero se convirtió en debates, exposiciones, maquetas y tareas que hasta este punto solo quiero olvidar.
Creo que ahí fue cuando empecé a sentirme peor. En mi trabajo de tesis, mis compañeras eliminaron la parte que había preparado y terminé llorando todo el día, convencida de que cualquier cosa que intentara hacer ya la había hecho alguien más. Me sentí excluida, agotada y abrumada; Tenía tantos trabajos y tanto estrés que necesitaba que mi mamá me abrazara y me ayudara a seguir adelante.
Para colmo, el día de la presentación mi mamá estaba hospitalizada. No dormí, lloré toda la mañana y, aunque me sabía el tema de memoria, me fue mal porque no podía pensar en otra cosa que en ella. Ese mismo día hubo un terremoto de 6,9 y, sin forma de comunicarme, el furgón escolar nos dejó a mi amigo ya mí en medio del camino. Corrimos hasta que ya no pudimos más.
Al final, lo único que quería era saber que mi mamá estaba bien. Por suerte, ya había regresado a casa y no fue nada grave.
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