Está frondoso el árbol; ofrece grata sombra;
se codicia su fruta, dulce como la miel;
su elevación admira; su exuberancia asombra.
En toda la ribera no hay otro como él.
Los pájaros le prestan su cantar y su nido;
se complace el arroyo en regar su raíz,
y una flor campesina que á su lado ha nacido
ábrese vanidosa y se siente feliz.
Es él gala y orgullo de la vega lozana.
El labriego lo mira con gran delectación
cuando se viste de hojas, de flores se engalana
ó de su carga muestra el riquísimo don.
¿Y aquel fornido, recio, vigoroso huertano
que le cuidó afanoso y le hizo prosperar ?
Habita en la cabaña del vecino altozano.
El pobre es ya muy viejo; y no puede trabajar.
Vió morir a sus hijos, que tan ágiles fueron
y le ayudaban tanto en su rudo trajín;
tras aquellas desgracias otras muchas vinieron;
y abandono y miseria le persiguen al fin.
Observan con frecuencia braceros y pastores
que la choza sale, se para á contemplar
el árbol de sus rústicos solícitos amores
y se arrodilla luego, echándose á llorar.
Juan Cortés
26/06/1916
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