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¿Sabes como se siente "eliminar" a alguien por primera vez?

No es como en las películas. No hay música de fondo, ni cámaras lentas, ni esa épica oscura que intentan vendernos. Es terriblemente mundano al principio, y luego, es como si el mundo se rompiera.
Primero está la adrenalina. No es una descarga de energía, es una distorsión. El tiempo no se detiene, pero se vuelve denso, como si caminaras bajo el agua. Tus sentidos se agudizan de una forma dolorosa. Escuchas el roce de la ropa, el latido de tu propia sangre en las sienes, incluso el zumbido de la electricidad en las paredes. Es un estado de alerta absoluto donde dejas de ser una persona y te conviertes en un mecanismo.
Y luego, el momento exacto. Lo que más te impacta no es el ruido, sino la resistencia. El cuerpo humano no es una cáscara vacía; hay una lucha biológica, una tensión que se siente en tus propias manos. Es una sensación física, una vibración que te recorre los brazos y se queda grabada en tus músculos. Y de repente, esa resistencia desaparece. Es ahí cuando ocurre el cambio más aterrador: el peso. Una persona viva parece no pesar nada porque se sostiene a sí misma, pero en cuanto la vida se escapa, se convierte en materia inerte. Es un peso muerto, frío, que parece querer hundirse en el suelo.
Pero lo peor es el silencio, un silencio que no es la ausencia de ruido, sino una presencia física que te aplasta. El mundo sigue girando afuera, hay coches pasando, gente riendo a lo lejos, pero tú estás atrapado en una burbuja donde el aire se ha vuelto pesado. Te miras las manos y no parecen tuyas, a esto podría describirlo como algo parecido a la despersonalización. Sientes que estás viendo una obra de teatro desde la última fila, pero tú eres el único actor en el escenario, después viene la lucidez técnica. Tu mente, para protegerte se enfoca en detalles absurdos, te fijas en una mancha en la alfombra, en la marca de un reloj en una muñeca, en la forma en que la luz entra por la ventana. Te vuelves meticuloso, frío, casi eficiente. Pero es una máscara, por debajo hay un vacío que empieza a succionarlo todo.
No hay un sentimiento de "poder". Lo que hay es una soledad absoluta, en ese instante te das cuenta de que has cruzado una línea de la que no se vuelve. Te has convertido en un extranjero en el mundo de los vivos, ya no perteneces a la cafetería de la esquina, ni a las bromas de tus amigos, ni a la calma de tu propia cama.
Es como si hubieras apagado una luz en una habitación infinita y ahora tuvieras que aprender a vivir a oscuras, escuchando el eco de ese último suspiro que, aunque pasen mil años, nunca dejará de sonar en tus oídos. Eso es lo que se siente, no es odio, no es gloria, Es simplemente un vacio que no se va incluso luego de repetir esto varias veces, solo quedas marcado por esa primera vez que lo hiciste.



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