Hay días en los que me convenzo de que estoy mejor, no bien, tampoco feliz, pero estable. Lo suficiente para seguir adelante sin que nadie note nada raro, lo suficiente para responder mensajes, hacer mis cosas y reírme cuando corresponde. Pero al final siempre vuelve, esa sensación de vacío. De no sentir realmente nada.
Y no es porque no tenga emociones, de hecho, creo que siento demasiado. El problema es que paso tanto tiempo reprimiéndolo que termina acumulándose en algún rincón de mi cabeza; la pena, la ansiedad, la rabia, el miedo, todo junto. Entonces pasa la cosa más mínima del mundo, un comentario, una discusión, un mal día, un recuerdo cualquiera. Y exploto.
Lo peor es que desde afuera parece exagerado, ni yo entiendo por qué algo tan pequeño puede hacerme sentir que me estoy ahogando... Pero no es por eso que exploté, es por todo lo demás que venía cargando hace semanas, meses, quizás años.
A veces vuelvo a conductas que prometí dejar atrás... No porque me gusten, no porque quiera hacerlo (o si?) mucho menos porque crea que solucionan algo, simplemente porque en ese momento mi cabeza busca cualquier forma de apagar el ruido y por unos minutos parece funcionar, después llega la culpa, siempre llega la culpa.
La culpa se va más rápido de lo que uno piensa. Un cigarro, una distracción, unas horas de sueño. Y listo. Como si nada hubiera pasado, pero el dolor se queda ahi, recordandotelo por dias.
Y entonces no queda otra que seguir, levantarme al día siguiente y actuar como una persona normal, hacer mis cosas, cumplir con lo que tengo que cumplir, seguir con la fakin life porque el mundo no se detiene solo porque yo me sienta rota por dentro.
Lo más extraño es que no siempre me siento así.
Cuando estoy con mi pololo todo cambia, me río de verdad, me siento cómoda. Siento las emociones completas, fuertes, vivas. Me emociono por tonteras, hablo de cualquier cosa y por unas horas olvido completamente el peso que llevo encima. Con él no tengo que fingir tanto, puedo existir sin estar peleando conmigo misma cada segundo... es lo mas lindo que tengo en mi vida, tan real, no se que haría sin él, no puedo imaginar un futuro sin él.
Y quizás por eso las despedidas duelen tanto.
Porque pasas de sentirte llena a sentirte vacía otra vez, pasas de sentirte acompañada a quedarte sola con tus pensamientos. Y cuando se va, la pena aparece casi de inmediato, esa sensación horrible en la garganta, las ganas de llorar sin una razón clara.
A veces me pregunto si eso será dependencia... Quizás sí, quizás no. No lo sé ni me importa :3
Lo único que sé es que con él me siento feliz, cómoda, segura. Y cuando una persona se convierte en uno de los pocos lugares donde tu cabeza deja de doler, es inevitable extrañarla cuando no está.
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