Algunas veces escapo de la ciudad, me encierro en mi mente, donde caigo despacio en un eco infinito.
Aparento verme distraído, mientras que las astillas me devoran; entran al pilar de la cordura y lo destrozan.
A veces me retraigo de quienes aman, sintiendo el morir en ellas, almas pobres de individualidad.
Algunos días intento recordar; termino durmiendo sobre lágrimas, las cenizas de mi sombra.
¿Quién soy? ¿Por qué lo soy?
Me identifico con la bala que retuvo el océano sobre sí misma, con el aullido de un perro en búsqueda de alimentos podridos, con el filo de la pena infinita.
¿Y eso es ser alguien? ¿O solo los recuerdos de quienes me buscan?
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