Estoy durmiendo.
Se convirtió en algo más profundo que un estado para llevar en internet.
Solemos poner eso para que las personas no nos escriban, o porque creemos que da risa. Ni siquiera sé porqué puse solemos en realidad, porque yo jamás lo usé así.
En cambio lo uso para justificar el sentimiento de vacío que traigo ahora mismo. Espero con lo poco de alma que me queda que el yo real esté durmiendo, que el yo que era inteligente y solía hacer reir a los demás sólo esté descansando. No puedo creer que él murió y no va a volver, pues es la persona a la que más extraño en el amanecer, en esos días que me llevan de nuevo a la inevitable nostalgia que me trae el recordar cuando sentía, sin ningún tipo de automanipulación o presiones, felicidad, o algo de paz. Me gusta como una frase tan usada pasa desapercibida de tal manera, no obstante, mentiría si digo que es mi parte favorita, ya que en consecuencia termino sintiendome solo, esperando que alguien por favor se dé cuenta de lo que estoy pasando detrás de toda ésta cortina de humo.
Sin embargo, admito que mi casa está hecha de vidrio. El más transparente vidrio. Si estuviera hecha de metal, comprendería que, alguien, quizá al menos una persona, podría darse cuenta de lo que siento. Irónicamente, el cristal logra aparentar cierta cosa que... en gran medida, hace que pase más desapercibido de lo que alguien comunmente pasa. Siempre es menos complicado notar cuando alguien que pocas veces estuvo mal, está mal. Lo que pasa es que, cuando se trata de un depresivo, lo tomamos normal. Pues lo es.
Pensarán ellos, y digo sin saber muy en concreto a quienes me refiero, que hago algún tipo de chiste el cual no logran comprender totalmente, puesto que en mi naturaleza siempre estuvo el bromear con los más graves de los males, mientras que al mismo tiempo, exagero la mayor nimiedad.
La transparencia da como resultado más desconfianza que la introversión.
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