
En cada recreo.
Buscaba tu mirada, por cada pasillo, o salón.
Aunque seas el chico que limpiaba, tu mirada firme me encantaba.
Me inventaba excusas para pasar donde estabas.
La fotocopiadora quedaba lejos de mi aula, pero yo iba igual, con la esperanza de cruzar miradas.
Un día me animé.
Dejé un papelito con mi número donde vos cuidabas tus plantas.
El día que agarraste ese papel, el que tenía mi número, caíste en mi trampa.
Aunque fueron horas, lo sentí tan bien. Tan enamorada.
Un día entero fui la chica a la que "Juan" le escribió.
Al siguiente me bloqueaste.
Y tenías razón.
Sos mucho más grande que yo.
Yo todavía tengo recreo. Vos ya tenés turnos, cuentas, una vida armada.
Bloquearme fue cuidarnos a los dos antes de que esto se vuelva un problema de verdad.
Lo entiendo. No te odio. No te reclamo.
Pero entender no es lo mismo que dejar de sentir.
Por eso en cada recreo, en automático, mis ojos todavía te buscan.
El otro día barrías. Paraste. Me miraste.
Fueron dos segundos. Yo armé una historia completa con esos dos segundos.
Por eso escribo esto.
Porque "en cada recreo" no puede ser mi vida entera.
Porque quererte también es respetar el límite que pusiste sin decir una palabra.
Porque si sigo buscándote, me pierdo yo.
Este es mi último recreo buscándote.
No era no.
Y está bien.

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