la sombra que se detuvo

​La muerte nunca me persiguió, yo la perseguía. Ella corría, huía y tenía miedo de mí. Yo la persigo, sin cansarme, noche tras noche. Un día ella se detuvo a observarme, fijándose en cómo me esforzaba por alcanzarla; ella corrió más lento, poniéndome en ventaja.

​Muchas veces —tal vez en 5 o 7 ocasiones— la alcancé, pero no logré tomarla de la mano. En el último intento, ella solo me observó y decidió quedarse a mi lado, como una sombra, para ver quién le tenía miedo a quién. Al tenerla a mi lado, ya no la busco, aunque quedan esas marcas en mi piel, tal vez de antier o de hace un mes.

​Ahora que la tengo a mi izquierda, creo que es mejor así. Ella ya está lista para cuando me quiera ir; ella tiene extendida su mano, solo yo la tengo que tomar. Ahora está en mí si quiero agarrarla de la mano o si quiero retroceder todo el camino que recorrí persiguiéndola.

​— Marie


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