E

Como la ley que al suelo nos aferra,

o el viento que en su calma se hace ruego,

así mi vida en tu mirada yerra,

quemándose constante en este fuego.

Sé la dueña absoluta de mi suerte,

mientras tu lealtad sea mi camino;

no existe fuerza, ni siquiera muerte,

que mueva este decreto del destino.

Déjame ser tu dueño en el desvelo,

y tú, mi ama, en esta paz sombría;

un esclavo que encuentra su consuelo

en la dulce y eterna tiranía.

Hay una pena clara en mi alegría:

saber que ya no soy, sino en tu aliento.

Que mi alma es solo tuya, y la mía

se deshace en tu amor y en tu tormento.

Tómame hoy, sin tregua y sin medida,

en esta ley que el corazón proclama:

seré el esclavo que te da la vida,

y el amo que, en silencio, más te ama.


0 Kudos

Comments

Comments disabled.