No sé en qué momento te volviste una necesidad.
Porque sí… ya no es solo que me gustes o que me hagas bien. Es que te pienso demasiado, te siento incluso cuando no estás, y a veces eso me sobrepasa.
Me dijiste que no me ibas a abandonar, que querías cuidarme como nadie lo hizo… y no sé si entiendes lo fuerte que es eso para mí. Porque yo no sé recibir algo así sin asustarme un poco.
Hay algo en ti que me desarma. Tu forma de hablarme, de decirme que te gusto, de querer hacerme sentir bien… como si de verdad te importara cada parte mía, incluso las que ni yo sé cómo arreglar.
Y eso me deja vulnerable. Porque ahora no eres cualquier persona. Ahora eres alguien que podría dolerme si desaparece.
Me haces sentir en las nubes… pero también con los pies temblando. Como si en cualquier momento todo esto pudiera romperse, y yo quedarme con todo lo que sentí y sin ti.
Y aún así… no me alejo.
Porque aunque me dé miedo, aunque sienta que es demasiado… te elijo igual.
Te elijo en esta intensidad, en este caos, en esta forma tan poco tranquila de quererte.
Porque contigo, nada es suave… pero todo es real.
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