Resulta y pasa que hace un tiempo en mi ciudad empezó a llover… pero no una lluviecita cualquiera de esas que caen un rato y ya. No señor. Era de esas lluvias costeñas que caen con rabia, como si el cielo hubiera abierto la llave y después se fue a dormir y dejó eso prendido.
El primer día todo el mundo relajado. “Eso ahorita escampa”, “eso es un aguacerito y ya”. Pero ajá… pasaban los días y nada que escampaba. Llovía en la mañana, llovía en la tarde, llovía en la noche… ya uno salía de la casa mirando el cielo como diciendo: ombe pero ¿tú hasta cuándo vas a seguir con esa vaina?
A los pocos días empezó el verdadero chisme del barrio: que el río se estaba creciendo. Y cuando digo creciendo, es que el man parecía que dijo “bueno, voy a estirarme un ratico por la ciudad”. De un momento a otro empezaron a salir videos por todos lados. Videos en WhatsApp, en Instagram, en los estados… calles llenas de agua, gente pasando en moto con el agua casi por las rodillas, otros caminando arremangados como si nada.
Y claro, no faltaban los comentarios costeños:
“Esa calle ya parece piscina.”
“Falta es que salga una babilla nadando por ahí.”
“Traigan el kayak.”
La gente pendiente del nivel del agua como si fuera final del mundial. Que si subió, que si bajó, que si en tal barrio ya estaba entrando… todo el mundo vuelto experto en ríos de un día para otro. Las tías mandando audios larguísimos al grupo familiar, los vecinos parados en la esquina viendo pasar el agua, y uno enterándose de todo por el chisme del barrio.
Ahora, algo que tengo que confesar… a mí en secreto hasta me gustaba un poquito la situación. Porque cuando llueve así de fuerte uno piensa: capaz cancelan clases. Pero mi colegio es de esos que joden bastante y casi no les gusta perder clases, así sea que se esté cayendo el cielo. O sea, podía estar cayendo ese aguacero fuerte y uno igual pendiente del celular esperando el mensaje milagroso de “hoy no hay clases”.
Obviamente uno sabe que la cosa estaba seria en algunos lados, porque sí hubo barrios donde el agua estaba complicada. Pero por lo menos en mi casa, gracias a Dios, no se inundó nada. Igual el ambiente en toda la ciudad era como raro: mitad preocupación, mitad memes.
Porque si algo tiene la costa es que la gente no pierde el humor ni en esas. Siempre aparecía alguien grabando videos como si fuera reportero: “bueno mi gente, aquí estamos transmitiendo en vivo desde la nueva Venecia del Caribe”. O el típico vecino que sale en chanclas a mirar el agua como si fuera un espectáculo.
Después de varios días de lluvia fuerte, el agua empezó a bajar poco a poco y todo volvió a la programación normal: sol fuerte, calor que derrite y la gente contando historias tipo “¿te acuerdas cuando esa calle parecía una piscina?”
Moraleja de este storytime: cuando el invierno costeño decide ponerse creativo, uno solo puede mirar el cielo, ponerse las botas y esperar a ver si por lo menos el colegio decide cancelar clases… aunque sea un día.
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