Perdí una amiga, una amiga que si bien no era particularmente cercana me gustaba la forma que tenía ella de ver el mundo, me gustaba que ella era una persona con mucha paciencia (muy medicada y terapeada por lo demás) pero yo sabía que con ella podría encontrar tranquilidad cuando la necesitara. Siempre es triste perder gente en tu vida, sobre todo cuando no te lo esperas, pero en este momento de mi vida, donde mas que nunca necesito recordatorios de mi valor, es cuando reconozco que la partida de ella no me hizo perder nada físico, nada de lo que normalmente me hubiese aferrado. Es lindo reconocer que la gente puede irse y no dejarte las manos vacías, aveces se van porque deben, aveces se van para después volver, aunque ahora no anhelo que nadie vuelva y eso me mantiene en calma. Su partida fue caótica, no la odio ni le guardo rencor aunque hablo de ella como si así fuera, me resulta indiferente lo que ella haga con su vida ahora pero no puedo evitar pensar en lo entretenido que sería escucharla hablar de ello, nada más que eso. Las amigas siempre son un alma que atesoro, sobre todo cuando son tan únicas como todas las mujeres con las que me he topado
Karla con k
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