26 de Julio del 2025
Hay algo que no consigo entender sobre lo que es el duelo, pues a veces siento la ausencia de mi abuela. El día de hoy fueron a alimentar a la gata, no encuentran a quien dársela y mi tía quiere ponerla a dormir. Llevo días sintiendo que llevo dentro una bomba que en cualquier momento va a explotar y el temporizador es extraño, a veces acelera el proceso y otras veces lo detiene.
Cuando estoy sola es cuando siento más la ausencia de mi abuela, una parte de mi cabeza sigue pensando que en cualquier momento vamos a ir a su departamento y ella estará allí, esperándonos con su camisón y sus sandalias rosas, nos hará de cenar algo de lo poco que tenga en el refrigerador diciendo "no pude ir Alcampo hoy" y después, sacará un postre que nos lo terminaremos comiendo todos mientras nos platica que le hicieron otro corte porque se estaba quedando sin volumen de cabello, ella llamará a su gata, Luni y la cargará en brazos para irse a dormir a la habitación de fondo, aunque se queje del ruido que hay arriba que no la deja descansar y a pesar de que tenga 10 pares distintos de tapones de oído en su cajón del buró. Pero aún así, nos deja dormir a nosotros en las habitaciones donde no se escucha tanto.
Al día siguiente iremos a Villanueva y se llevará bolsas llenas de sus cosas pero nunca una maleta.
Mi tío Alberto dirá que no es como para ir al aeropuerto y a ella le dará igual. Al subirnos al coche, me iré en medio, ella a mi izquierda y mi mamá a la derecha. Mi tío estará manejando mientras platica con mi hermano y yo te estaré mandando mensajes en mi teléfono. Llegaremos a casa de mi tía a guardar todo y me sentaré en el sillón de la sala de arriba mientras mi abuela está acomodando sus cosas en el cuarto de hasta abajo, el de las dos camas individuales. Mi mamá subirá a decirme que mi abuela se siente mal y que la acompañe con la vecina que es enfermera, para que le tome la presión. Me pondré mis zapatos rosas, esos que recién compré en Madrid y le diré a mi abuela que la acompaño.
Saldremos a caminar en la urbanización y después ella le quitará importancia diciendo que es normal pero que siente la presión un poco alta. Llegaremos a la casa de la vecina y tocaré el timbre, un señor abrirá la puerta, pasaré a la casa y mientras que a ella le toman la presión en la sala, el hijo de los vecinos nos estará platicando sobre su trabajo en una clínica veterinaria. "No es de que preocuparse, Rosy", dirá la enfermera con una sonrisa, mientras que recoge con la mano izquierda el esfigmomanómetro, no parece estar consternada pero mi abuela cruza la pierna e insiste en que se siente mal.
Saldremos del lugar, mientras divagas en mi cabeza la idea de que todo estará bien, porque al menos la enfermera lo dijo así.
Llegaremos a la casa y me pondré a buscar lugares donde vendan transformadores de voltaje, pues mi secadora de pelo no funciona. No me daré cuenta de cuando mi hermano y mi tío la lleven al hospital. Mi mamá seguirá dormida en el sofá de la sala y yo me iré a arreglar para ir a la casa de su amiga a dormir. De pronto, me inundará el recuerdo de mi abuelo y bajaré a su taller. Lloraré sentada en el banco, sintiendo la extraña sensación de que él está ahí conmigo. Sacaré una hoja de papel para hacerle una carta de despedida, algo que nunca pude hacer mientras él estaba en vida.
Mi mamá me llamará para decirme que haga mis maletas y el papel de la carta, se quedará en blanco. La amiga de mi mamá tocará el claxon y yo bajaré las escaleras, algo dentro de mí me avisará de despedirme de mi abuela.
Ella, tranquilamente, estará acomodando una toalla en los camastros, con su camisón rosa puesto. Me acercaré a ella a abrazarla y a decirle que la quiero, ella me dirá que también me quiere. Saldré de la puerta cargando mi neceser en mi mano izquierda y esa será la última vez que la vea.
Todo lo demás es un poco difuso, la noche en que estuvo en coma y el temor que sentí instalado en el cuerpo. La mañana siguiente, el silencio y las mariposas blancas en el jardín. Llegar al hospital y ver a todos llorando, pero recordando que sus cosas todavía siguen en el baño, su neceser de maquillaje abierto y su bolsa encima de su cama. Si todo sigue ahí, entonces puede regresar ella también. No fue así. Recuerdo haberme puesto una falda con estampado de rosas que nunca le pude mostrar, tenía la creencia de que ella podía verlo, en el lugar que estuviera en ese momento. Me la pasé rezando, no quería molestar a nadie más y Dios era quien podía escucharme, mientras estaba sentada sola en la capilla del hospital. Sólo Él podía escuchar y saber por lo que pedía.
Hablé con ella, le conté muchas cosas. El aire acondicionado en su habitación hacía que todo se sintiera más frío y yo sólo podía pensar en que ella lo estaba sintiendo también. El color de sus uñas seguían siendo ese rosa magenta que llevaba siempre. En sus dedos ya no llevaba anillos. Solo se escuchaba el monitor de respiración y el Monitor Holder.
Ella ya no estaba ahí. Y ahora, su recuerdo se había quedado en mí.
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