Y tus ojos son dos soles que Dios te ha regalado, y tu sonrisa es una flor que el florista del universo te regaló. Me miras con tanto amor, me alumbras con tanta ilusión, que no eres capaz de ver la sombra proyectada atrás de mí, aquella sombra pecaminosa que se alarga como lengua de gato en celo, que se enreda en tus tobillos cuando no miras, que deja huellas de barro en tu alfombra blanca.
Me hablas con tanto afecto que no ves mis dientes chuecos, el desorden de quien nunca tuvo padre que le enseñara a cepillar antes de dormir. No sientes mi olor horrendo, de ropa secada en días de lluvia, de cuerpo que se lava con la misma agua de ayer porque el agua de hoy cuesta, porque el agua de hoy es para otra cosa, para cosas que no soy yo.
Nunca tuve plata para ir a un médico. Nunca tuve plata para que me dijeran que esto que sale de mí no es normal, que esto que respiro no es aire, que esto que pienso no es pensamiento sino sinónimo de algo más barato, más accesible, más de gente como yo. Los médicos son para gente que tiene nombre, para gente que aparece en papeles que no se mojan cuando llueve adentro de la casa.
Nunca le he dicho a la luna la verdad absoluta. Porque siempre que iba al mar a mirarla, solo estaba a la mitad. Solo siendo media luna. Como yo. Como todo lo que conozco. Como las respuestas que nunca llegan enteras, como las promesas que se hacen con los dientes apretados, como los abrazos que terminan antes de que el otro se vaya.
La luna me enseñó que no hay que esperar plenitud. Que la luz que falta no vuelve, no está de vacaciones, no se recupera. Que hay que aprender a ser semicírculo, semiverdad, semiamor. Que hay que contentarse con iluminar solo una parte de la noche, dejar la otra a oscuras, a los bichos, a los que no merecen ver.
Tú me miras y ves constelaciones. Yo sé que soy basurero donde las estrellas tiran lo que ya no quieren. Tú me tocas y crees que soy de un templo. Yo sé que soy escombros donde alguna vez hubo altar, donde alguna vez hubo incienso, donde alguna vez hubo alguien que rezó y se fue porque no escuchó respuesta.
La sombra atrás de mí tiene nombre de persona. Tiene nombre de quien fui, de quien no pude ser, de quien me prohibieron. Se alimenta de tu luz. Crece cuando tú sonríes. Se pone gorda, se pone fuerte, se pone tan grande que algún día me tapará por completo y tú mirarás y no verás nada, no verás ni sombra ni cuerpo, verás solo el espacio donde alguna vez estuve yo, donde alguna vez estuviste tú creyendo que me veías.
El florista del universo no me conoce. O me conoce y me odia. O me conoce y se olvidó. O soy yo la flor que se marchitó antes de que nadie la viera, que cayó al suelo del invernadero, que se convirtió en abono para otras flores más dignas, más coloridas, más tuyas.
Y tus ojos son dos soles. Y yo soy la noche que no se atreve a terminar. Y tu sonrisa es una flor. Y yo soy la mano que la arranca sin querer, sin saber, sin poder evitarlo. Me miras con tanto amor. Me iluminas con tanta ilusión. Que no ves. Que no sientes. Que no sabes.
Que la media luna me enseñó a mentir. Que me enseñó que la mitad de la verdad es más bella que la verdad entera. Que la mitad de mí es más amable que toda mi podredumbre. Que si te muestro solo el lado iluminado, quizás nunca preguntes por el oscuro. Quizás nunca sepas que existe. Quizás puedas seguir creyendo que Dios me hizo a su imagen, que el creador me eligió, que merezco estar aquí, recibiendo tu luz, devorando tu amor, dejando que creas.
Porque creer es lo único que te queda. Y yo soy lo único que te queda. Y juntos somos esta mentira circular, este poema que no termina, esta media luna que no se atreve a llenarse, este olor que no se atreve a irse, estos dientes que no se atreven a sonreír de verdad, esta sombra que no se atreve a revelar su nombre.
Que es el mío. Que siempre fue el mío. Que siempre será el mío, aunque tú nunca lo sepas, aunque tú sigas mirando soles donde hay sólo focos a punto de fundirse, flores donde hay sólo plástico pintado.
No te vayas. No me dejes con la luna entera. No me obligues a verla completa, a saber que existe plenitud, que existe todo, que existe lo que yo no soy, lo que nunca fui, lo que me negaron antes de nacer.
Comments
Displaying 2 of 2 comments ( View all | Add Comment )
Mirror
Me encantó, como dice la palabra fue muy mágico leerlo y sentirlo aunque lo tuyo no fuera mío, no te detengas :)
JackPatten
Wish I understand this.
You already do.
That feeling of standing outside something and sensing it matters even without the words — that's exactly what the poem is about. Being on the edge of something you can't fully reach.
The person I wrote this for couldn't understand it either. Not because they lacked the language. Because understanding it completely would mean looking at something they'd spent their whole life learning not to look at.
So maybe not understanding is the most honest response there is.
Welcome to the half moon :) haha
by rettsy; ; Report