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Category: Life

Tormenta Permanente

Hay bosques que no arden,
solo se inclinan.
Hay tormentas que no destruyen el mundo,
solo lo reducen a silencio.
Y hay personas que no dejan de caer,
aunque aprendan a caminar con cuidado.

Día 12

¿Alguno se preocupa de recaer?

Yo sí.

Lo peor es que sigo cayendo al abismo cada vez, aunque intente no hacerlo.
Como si el suelo estuviera hecho de hojas húmedas y cada paso fuera una posibilidad de resbalar.

La tristeza es complicada.
Es un torbellino mezclado con enojo y ansiedad; cuando llega a un campo, arrasa con todo y deja el lugar desolado, en ruinas.

¿Por qué ese torbellino persigue incluso cuando intento huir?
¿Por qué corre detrás de mí aunque vaya a toda velocidad, aunque cierre los ojos, aunque me esconda?

Es como si supiera exactamente quién no puede soportar los vientos.
Como si detectara el miedo en la corteza.
Como si supiera que no soy valiente.

Nunca he sido una chica valiente.
Y la tormenta lo sabe.

A veces hay días soleados. Días de calor suave que parecen prometer estabilidad.
Pero siempre, de repente, el cielo cambia.
Aparece una nube. Luego otra.
Y cuando quiero reaccionar, ya estoy bajo la lluvia.

Tuve meses llenos de sol.
Meses que fueron mi descanso.
Mi tregua.
Mi ilusión de equilibrio.

Pero regresaste, tormenta.
Arrastrando mis árboles, rompiendo ramas que apenas estaban creciendo de nuevo.
Siempre igual. Siempre implacable.

¿Podré llegar al invierno esta vez?
¿Podré llegar intacta?

Extraño esos días de calor, aunque ahora entienda que ese calor era una armadura.
Una armadura inventada para no sentir los vientos externos.
Para fingir que nada se aproximaba.

Todo el mundo puede fabricarse una armadura.
Pero cuando esa armadura cae, todo lo que ignoraste llega de golpe.
No hay advertencia.
No hay refugio.
Solo el impacto.

Y entonces crees que el granizo es el culpable.
Que las ramas rotas fueron causadas por la tormenta.
Que las astillas en los troncos son obra del cielo.

Hasta que te das cuenta de algo más doloroso:

No fue el granizo.
Fuiste tú.

Tú misma rompiendo tus propias ramas.
Tú misma debilitando tus raíces.
Tú misma alimentando el torbellino con pensamientos que no paran.

¿Por qué no puedo detenerlo?
Detener los pensamientos.
Detener el desgaste.
Detener la caída constante.

Quiero días soleados permanentes.
Quiero estabilidad.
Quiero sentir felicidad sin que sea una armadura.
Quiero que el bosque no tenga que prepararse siempre para el próximo colapso.

Pero al final, la lluvia parece inevitable.
Siempre vuelve.
Siempre encuentra la manera.

Aun así…

El bosque sigue en pie.
Inclinado, sí.
Lastimado, sí.
Pero en pie.

Tal vez el bosque no necesita ser invencible.
Tal vez basta con que,
después de cada lluvia,
todavía haya un árbol
que se niegue a caer.


Y mientras quede uno,
el bosque no habrá colapsado del todo.

-f.c


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