Hace muchos años me encontré con la novedad de los llamados audios subliminales. Tenía quince años cuando escuché uno; en ese entonces mi corazón se aceleraba cada vez que los oía en la noche y me quedaba leyendo los comentarios de YouTube en los que mencionaban su aparente funcionalidad.
Yo nunca aprendí a soltar y siempre terminaba frustrada porque no obtenía los resultados que deseaba; todo el tiempo me encontraba comparándome con otros y claro, cómo no si solo me enfocaba en eso y no había cabida de ninguna otra cosa en mi cabeza. Día y noche me enfocaba en las cosas que no estaban pasando y eso resultaba ser frustrante.
Hoy por hoy, luego de algunos años y habiendo madurado en algunos aspectos, me encontré de nuevo con los subliminales. Fue el día que inició el año. Llegó ese día como una epifanía, como algo que salta porque de nuevo te encuentras listo o sabes que las cosas van a funcionar. Ese día ingresé a mi cuenta especial de YT para buscar los vídeos que solía utilizar. Para sorpresa de nadie, ninguno existía y bueno, lo agradecí.
En ese entonces no sabía si quería tener los ojos verdes, azules o grises, así que los tenía todos. Obviamente eso nunca iba a funcionar y me resigné. Siempre quise tener una piel blanquísima (ya tengo una piel clara. Pero ustedes, como yo, saben que el ser humano es ambicioso y siempre quiere más), una piel sin imperfecciones, ojos grandes, cabello rojizo y saludable y un cuerpo envidiable. Los primeros auidos que encontré no me gustaron para nada. Eran cortos, con música que no disfrutaba y eso hacía que no tuviera motivación para escucharlos.
Decidí hacer el mío. Un día por la tarde cuando no había nadie en mi casa y no tenía nada más que hacer, comencé a escribir afirmaciones por mi cuenta; en todas aparecía justo lo que yo ya tenía (sí, así se tiene que hablar todo el tiempo). Con esto último entendí que la gente que escribía en los comentarios de los vídeos no estaba loca ni estaba intentando quedar bien (como yo pensaba) si no que estaban intentando engañar a su propio cerebro.
Comencé a engañar al mío. Relaté en mi diario situaciones que estaban exageradas, pero hacía que fueran reales, como la vez que dije que todos señalaban que mi piel era blanquísima, más de lo que recordaban; también, me puse en situaciones en las que me comparaban con gente que de por sí ya era muy blanca y yo a su lado me veía aún más. Eso fue mentira hasta que… de verdad pasó.
El sábado, antes de salir de mi casa, mi hermana mencionó que me veía muy blanca y que algo me estaba sucediendo. Me emocioné, y sí noté que todo lo que decía se estaba haciendo realidad, jaja. Poniéndome a un lado de mi novio (que era mucho más blanquito que yo), mi piel es mucho, mucho más blanca, incluso la parte interna.
Algo que hizo que me pusiera mucho más contenta fue que soñé con mi rostro de forma nítida con todos los cambios que estaba manifestando: ojos verdes, piel blanquísima, cara y cuello delgados, cabello rojo y cuerpo de ensueño. Me hizo creer que mis suposiciones y mi avance estaba tomando el flujo correcto. Me sentí bien, y todos los días que pasan y que ocurren pequeños cambios, me pongo feliz y avanzo.
Y ya sé. Seguro algunos mencionarán mi racismo interiorizado. Quizá sí, porque busco ser alguien que encaja en los estándares europeos. Pero ni modo, es así como quiero parecer y eso no significa que sea mejor a más que alguien que no comparta mis rasgos. Yo todo esto lo hago por MI y para MI. No para impresionar a nadie, pues me di cuenta que los cambios que registro nadie los hace evidentes y no tienen porqué, pues todo lo que pedí ya es mío.
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