Te vi
como una estrella que no existe,
pero aún arde en la nostalgia del tiempo
Te imaginé
con manos que tejían futuros
y me creí digna de ese telar
ilusionada,
como niña que cree en cartas
que nunca llegan.
Pedí, le rogué al universo
con la voz hecha nudo,
con el corazón entre mis manos,
que dolían como cicatrices que aún no fueron
Le lloré a la luna como si llorar
doliera menos que aceptarlo.
Supliqué que te quedaras
para retenerte en una jaula
que ni yo sabía construir.
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