El ingrediente secreto

Siempre me preguntan por qué mi comida sabe distinta o por qué cuando invito a cenar a alguien siempre se queda callado un segundo antes de probar, yo les digo que es un secreto familiar, y no miento. 

Ella llegó a mi vida como llegan las estaciones: despacio, inevitable y llenándolo todo de olor, me gustaba verla dormir, me gustaba su piel tibia bajo mis dedos; decía que yo tenía una manera rara de mirarla, como si la estuviera estudiando, pero yo sólo la estaba apreciando. Las cenas eran nuestro ritual, ella me enseñó a cocinar y después me gustaba cocinar para ella, cortar las verduras en silencio, mientras su respiración me marcaba el ritmo desde la sala; cuando le servía, ella reía y decía que nadie la alimentaba como yo y yo sonreía también, pero ella no entendía lo literal que era esa frase.

Ahora está conmigo de otra forma.
En el congelador solo quedan unos trozos envueltos con cuidado como regalos, el resto se convirtió en cenas compartidas, en guisos con aroma dulce y en estofados espesos, y ahora cuando la gente me felicita por mi sazón, yo sonrío, les digo que mi secreto es el cariño, cosa que no es para mentira.
Porque al final, no hay acto más íntimo que convertir a alguien en parte de ti.

Que romántico, ¿no?


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