Buenos días, tardes o noches.
Soy Mateo, y me gustan los jueguitos.
De hecho, me gustan tanto los jueguitos, que estoy aquí única y exclusivamente para hablaros de cómo voy a usar esta plataforma para hablar de lo mucho que me gustan los jueguitos.
Filmbros y amor
Supongo que sabréis de la existencia de los filmbros y de cómo, por lo general, creen que a la gente de a pie nos importa lo más mínimo su opinión.
Con sus Letterboxd premium y sus blogs de cine, creen tener una opinión objetivamente correcta, creen poder cuantificar el valor del arte y creen ser superiores a los demás.
Bueno, claramente este es un estereotipo de su comportamiento, y amar el cine no te convierte necesariamente en una persona insoportable.
Creo, más bien, que el problema reside en su forma de amar.
Basándome en literalmente ninguna otra cosa más que en mi propia opinión, diría que existen tres maneras de amar un "algo": la sibarita, la normal y la hedonista.
- Las personas sibaritas no aman al "algo", sino que al epítome de ese algo. Y también suelen despreciar todo aquello que no lo sea. Aquello que consuman deberá ser completamente perfecto (para ellos) para que siquiera merezca la pena. Buscan formas de ver sus imperfecciones y, al más mínimo atisbo de ellas, las convertirán en problema de todos.
Por poner otro ejemplo: los sibaritas del café. Comentarios típicos como "el café de España está quemado", "café con leche no es café" o similares hacen de ellos personas, a mi parecer, deleznables. El problema no reside en cómo disfrutan del producto, sino de cómo externalizan su odio por aquellos que no lo disfrutan de igual manera. Claramente, no es el caso de todos, pero sí el de aquellos que se hacen sonar más.
Tómate tu café y déjame tranquilo con mi puto cola-cao. - Las personas normales son normales. Y si creéis que eso es redundante, esperad, que viene lo mejor: si las personas normales (que son normales) evaluasen el contenido que consumen, resultaría en una gráfica de distribución normal.
Es, por ejemplo, mi caso en Letterboxd. - Los hedonistas, por ponerlo en palabras simples, diría que gustan de (casi) todo aquello que tenga que ver con lo que aman. Por poner un ejemplo personal: me encanta la tortilla de patatas. Y con que me encanta no digo que me gusta mucho comerla o algo así, no. Me encanta. Si hay tortilla de patatas, sé que acabaré la comida teniendo hipo por comer demasiado rápido. Y es una jodienda, porque por algún motivo mi hipo es extremadamente fuerte y literalmente me duele, pero aún sabiéndolo prefiero comer la tortilla y sufrir las consecuencias de mis actos. Y de nuevo, completamente diferente a los sibaritas: comeré cualquier tipo de tortilla, y por mala que sea, me gustará, porque es tortilla. He probado desde algunas de las consideradas mejores tortillas de España, hasta las peores tortillas de supermercado jamás elaboradas, pasando por aberraciones como tortilla hecha al horno o quizá incluso mejunge de tortilla crudo. Y me ha gustado todas y cada una de las veces.
Quizá mi caso con la tortilla es un poco extremo y puede que incluso peligroso (lo raro es que aún no haya contraido salmonela), pero creo que, a grandes rasgos, se comprende lo que digo.
Sé perfectamente que lo he tratado de una forma subjetiva y que he retratado a los sibaritas como lo peor de este mundo, pero me temo que es algo que me veo obligado a hacer para pasar al siguiente punto: los sibaritas de videojuegos me tienen hasta los cojones.
Opinión popular videojueguil
A diferencia de en otros medios (mediáticos, culinarios o lo que sea), donde la cantidad de gente sibarita es relativamente pequeña, en el caso de los videojuegos, esta parece simplemente ir in crescendo a cada año que pasa. En parte, entiendo, impulsados por la prensa, las galas de premios y similares, que hacen creer a estas personas que existe una forma objetiva de evaluar un producto artístico.
No sé cuál es vuestra experiencia personal respecto a este tema, pero la mía es nefasta. Cada año, en torno a los Game Awards, da igual en qué red social, cualquier post sobre estos tendrá la sección de comentarios llena de gente que parece querer dedicar su vida a odiar a grandes obras del medio que se supone que aman.
Y es que no creo que esta gente pueda siquiera ser considerada sibarita. No creo que esta gente ame el medio. Esta gente ama la confrontación, y los videojuegos solo son una forma de conseguirla.
Y estoy cansado. Sé que un gran sector de la comunidad videojueguil no es así, que esta no es la norma. Pero desgraciadamente, quizá debido al propio entorno digital de los videojuegos, este tipo de personas causan mucho ruido en redes sociales.
Así que voy a hacer este blog. Un blog en el que hablaré un poquitín de cada juego que vaya "completando" (la definición de "completar" varía dependiendo del juego, claro).
Porque amo los jueguitos. Y quiero recordarme que amar jueguitos está bien. Y quizá puedo ayudar a quien me lea a recordar que la gente que amamos a los jueguitos existimos, y que no todos los gamers® son máquinas de escupir bilis e insultar a minorías.
Así que doy por inaugurado mi blog: jugLar.
Llamado así en parte porque, si ponéis muchísima atención (atentos porque esto es complicado de ver -de verdad, mirad bien-), pone "jugar" en las letras minúsculas y en parte porque un blog, técnicamente, es un medio de noticias (como un juglar).
Crearé una nueva entrada al blog por cada juego, así que no habrá fechas exactas para ello, y quizá habrán temporadas más altas o más bajas, pero bueno, tampoco creo que nadie vaya a morir esperando la próxima entrada al blog.
De hecho, técnicamente ya voy atrasado, ¡que en lo que llevamos de año ya me he pasado dos juegos! Así que aprovecho para adelantaros que las dos próximas entradas tratarán Baldur's Gate III y The Typing of the Dead: Overkill respectivamente.
No tengo ni idea de cómo despedir un blog, así que simplemente voy a dejar de escribir de forma abrupta.
Confesión final
Soy un sibarita de los churros.
Y no solo con aquellos que consumo: cada vez que veo un vídeo en internet de un estadounidense haciendo "churros" (por llamarlos de alguna forma) y les añade mantequilla, huevos, vainilla o cualquier otra cosa a la masa, algo muere dentro de mí.
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