Si, señor, acepto mi castigo,
pero reafirmo mi inocencia.
Merezco despertar en la duda,
comer de las ilusiones,
bañarme en los celos
y reír con la esperanza.
Más no me tache de culpable,
no he elegido mi crimen,
no he elegido amar.
Absténgase de juzgarme,
no soy una rata miserable,
solo un enamorado.
Permitanme sufrir la confusión,
déjeme sin saber
que soy para ella.
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