En el borde del cielo asomó un círculo naranjo,
Símil al fuego del Olimpo robado,
Y en medio de laguna oscura en bote remado,
Me di cuenta que no soy vampiro, sino hijo planeado y monstruo rechazado.
Entre bullicios sin harmonía, admiro ramas grises sin vida,
Lo verde es blanco y lo rojo sangre fría,
Repudiado del carisma pero amante de la alegría,
Entre humos de cigarro aún busco mi compañía.
Las flores doradas, rosa se tornarán con su risa,
Y las lágrimas carmesí crepúsculo caerán por mi mejilla,
Y cuando mis ojos estén blancos cesará mi porfía,
Cuando mi tez sea fría y me una a la monotonía.
No me alcanzan palabras para expresar,
Los blancos y negros que en mi pecho están,
No sirven estas palabras para explicar,
Cuantas noches de insomnio he de aguantar.
Y si al final del día en mi cama recuesto,
las falsas luces se burlarán desde la pared y mi techo,
Y al final es su recuerdo que actúa como medicina en mi lecho,
Lo que me hace ver lo hermoso de la monotonía en su rostro bello.
Dolorosamente grito a mis adentros,
Desgarrando nauseabundo averno,
Aquel que congelando necrosa mis manos,
Pues aún pasando invierno y llegando primavera, las flores blancas no hacen milagros.
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