El Eterno Gusano

Caminando montaña arriba, me topé con una larva gigante, blanquecina, con tonos rojos bajo sus grandes lorzas. Se movía a un ritmo lento pero constante, consumiendo todo aquello que se le interponía. Al comer unos arbustos de piracanta, sus pliegues empezaron a tomar su forma, y en poco tiempo, su cuerpo entero se transformó en un cúmulo frondoso de ramas, entre las cuales aún se podía intuir aquella forma cilíndrica propia de un gusano. 

Fue en aquel momento que habló por primera vez, no, más bien yo empecé a oírle. Su voz sonaba en estéreo, rebotando dentro de mi craneo, como si proviniese del centro de mi cabeza, y no de mis cócleas. - Mmm... ¡Delicioso! - exclamó el gusano mientras devoraba otro arbusto. La alimaña no mostró ningún interés en mi, tan solo supe que notó mi presencia, y algo de ese conocimiento me incitó a seguirle.

Caminé su hueco rastro hasta que el sol se puso; a medida que subíamos aquella montaña, mi mente se ennublecía más y más, mis movimientos se hacían más sincrónicos, hasta el punto que me volví indistinguible de un segmento más de su cuerpo, pese a no estar unido a él físicamente. ¿Habré sido el primero en sufrir este destino? ¿O apenas soy el último? No se siquiera si llamarlo sufrir, no me siento mal, ya no siento nada, esté delante o detrás, soy un segmento más.


4 Kudos

Comments

Displaying 0 of 0 comments ( View all | Add Comment )