El ecos que dejas
A veces siento que mi mente se deshace en mis propias manos, como si fuera arena que nadie ve caer. Camino entre la gente, pero no estoy; es como mirar el mundo desde detrás de un vidrio grueso, empañado, donde las voces llegan distantes y mi nombre deja de significar algo. Mi cuerpo se mueve, respira, actúa… pero yo no lo habito. Soy una sombra pegada a una forma que no reconozco, incluso hay días en que intento tocar lo real y se me escurre, como si todo estuviera hecho de humo. Me escucho pensar y no sé si soy yo, o un eco sin dueño. Y en ese punto, el desespero no es un grito, sino un silencio que pesa: el miedo lento de desvanecer sin desaparecer, de existir sin pertenecer a nada, ni siquiera a mí.
Comments
Displaying 0 of 0 comments ( View all | Add Comment )