𝓲 𝔀𝓻𝓲𝓽𝓮 𝓶𝔂 𝓱𝓮𝓪𝓻𝓽𝓫𝓮𝓪𝓽𝓼 (𝓼𝓸𝓶𝓮𝓽𝓲𝓶𝓮𝓼).

Se halló el cuerpo tendido sobre una libreta a medio escribir.

Tenía restos de sueños en las pestañas

y una palabra muerta en la lengua:

“más.”


Más amor.

Más atención.

Más espacio para brillar sin que la llamaran dramática.


Dicen que era poeta,

aunque no recordaba cómo se escribía sin llorar.

Y bailarina,

aunque últimamente solo danzaba sobre ruinas.

Actriz de su propio derrumbe.

Cantante de canciones que nunca salieron de su garganta.

Una estrella…

que vivía apagando su luz para no incomodar.


Cuando abrieron su pecho,

encontraron una carta que nunca logró enviar.

Tenía sangre en las orillas y decía:

“Yo era brillante, hasta que el amor me ensució las manos.

Hasta que el espejo me llamó gorda.

Hasta que mis amigas me dejaron de buscar.

Hasta que me dejé sola.”


Su corazón estaba intacto,

pero lleno de post-its:

“no soy suficiente”

“hoy tampoco me hablaron”

“soy un estorbo”

“lo extraño y me odio por eso”


En su estómago, había restos de ansiedad mal digerida.

Atracones de culpa.

Ayunos de cariño.

Marcas invisibles de castigos que nadie le pidió,

pero que se impuso sola,

por no ser la versión perfecta que soñó a los 13.


Sus uñas tenían tierra.

De tantas veces que quiso cavar un túnel lejos de todo.

No para morir.

Solo para huir.

Para dejar de actuar en una vida donde el público aplaudía,

pero nadie la miraba a los ojos.


Sus ojos,

aunque cerrados,

parecían cansados de no ser llorados por nadie.


La niña era una obra inacabada.

Y aún así, todos querían leerla.

Cuando ya era demasiado tarde.


En la planta de su pie izquierdo

estaba escrita la frase:

“yo solo quería alguien con quien hablar.”


0 Kudos

Comments

Comments disabled.