No sé si me guste la música... o si la necesito.
No es solo que la escuche. Es que me siento dentro de ella. Como si algunas canciones hablaran desde un rincón exacto de mí que ni yo sabía nombras.
A veces me enamoro de una canción como si fuera una persona. La repito, le pongo atención, le imagino escenas, le lloro... y a veces, hasta la dejo ir.
Otras veces me pasa al revés: me quedo con una canción como si fuera mi escondite. Mi refugio cuando todo pesa demasiado.
Hay canciones que me han cuidado más que ciertas personas. Hay letras que me han dicho lo que yo no pude.
Y no es por sonar intensa (aunque sí lo soy), pero creo que la música ha sido el único lugar donde siempre he cabido entera.
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