𝒫𝑜𝑒𝓂

"Milo ya no me habita"

Se me pudren las palabras que te nombran.
Ya no estás.
Y sin embargo,
hay un lugar en mí donde aún respiras como una peste suave,
como un rastro de ti que no quiere morirse.

Te quise con la furia de los que nunca son amados del todo.
Te esperé como se espera a un tren que ya descarriló.
Me dije:
"quizá si me rompo en mil,
él querrá recoger al menos una parte."
Pero tú no sabías de astillas.
Tú no sabías de mí.

Te escribí cartas invisibles en el hueco del pecho,
y tú las tiraste al fuego sin saber que eran mías.
Yo era un incendio
y tú,
el fósforo que se reía.

Ahora ya no te necesito, Milo.
No porque haya dejado de doler,
sino porque mi dolor aprendió a caminar solo.

Te dejé en una esquina del alma,
como se deja a un pájaro muerto envuelto en seda.
Con algo de cariño,
pero con la firmeza de quien no quiere enfermarse más.

Y si vuelves —si es que algún día se te ocurre volver—
ya no estaré esperándote con los ojos llenos.
Te miraré con la misma indiferencia
con que tú miraste mi amor más limpio.

Porque aprendí a quererme sin ti.
Y eso,
eso es algo que nunca vas a poder perdonarme.


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